miércoles, 26 de febrero de 2014

Necesito cambiar

Este post no es normal.
Trifulcas relevantes con clientes obcecados me han acontecido a mares, las cuales podría narrar aquí.
Si tuviera tiempo.
Pero en lugar de eso, si se me permite la licencia, inserto este videoclip que me tiene fascinado, tanto por la música, cautivante, como por la sencillez de las imágenes.
En mis pocos momentos de ocio, además de la lectura, me suelo evadir de este absurdo planeta escuchando canciones.
Y esta es una de las mejores.
Se llaman Dapuntobeat. Colabora una tal Javiera Mena (la segunda chica que aparece en el clip) y el título de "Necesito cambiar" me viene como anillo al dedo.
Un saludo a estos mexicanos que, maldita sea, no han muerto de éxito con este mega-temazo.




sábado, 5 de octubre de 2013

Algo no me cuadra....

Hace un par de días me dejé caer por ALCAMPO para realizar el consabido chequeo de precios.
Suelo entrar en ese hipermercado con cara de paleto (la que tengo), pues nadie osa así mirarme mientras efectúo las anotaciones, ni golpearme en la entrepierna por hacer fotos indebidas a lo que se me ocurra.
ALCAMPO, como todos los hipermercados, tiene personal "especializado" en cartelera, personal que, a primera vista, o bien lo tienen atado dentro de una urna estanca de cristal, o bien lo envían al pasado (en un Seat Ronda) a la busqueda del logo mas molón para decorar el cartel que sea.
Me quedé mirando durante unos segundos la exposición, perfecta ella, de los ipads. Pero algo me golpeaba la vista, algo no cuadraba.
El logo de APPLE, como puede comprobarse por la foto, no es, evidentemente, el actual, si no el que APPLE mantuvo desde 1976 hasta 1999. A partir de este año, las franjas multicolores desaparecieron, y el color plano se adueño del logo.
La cuestion que me asaltó en esos momentos, mientras contemplaba los carteles, fue: ¿lo habrán hecho a propósito? ¿Es un guiño al pasado? ¿O son tan cenutrios como a primera vista parece?.
Antes de que el guardia de seguridad me aporreara, saqué una instantánea de la escena y me las piré a todo trapo, no sin antes activar en mi careto el modo sorpresa.
En fin, esa es la historia. Tengo curiosidad por verificar, la semana entrante, si se han percatado del desliz o, la cabeza pensante del departamento, es el jefe que antaño llevaba la seccion de frutería, lo cual encajaría a la perfeccion con el icono mostrado.
Un saludo a Jobs, el cual, por desgracia, no está ya físicamente en ninguna parte


A la porra con el contador de visitas

Hola, amiguitos.
La pereza me invade continuamente, lo cual, unido a la excesiva carga de trabajo que tengo en el curre, hace que las actualizaciones de este extraño blog estén cada vez mas espaciadas en el tiempo.
De vez en cuando me dejo caer por aquí, para comprobar (o compro-restaurante) que todo sigue en su sitio. 
Y, oh sorpresa, me di cuenta no hace mucho que el contador de almas turbadas se había volatilizado como perra que lleva el diablo.
Tras maldecir en cinco idiomas al causante de este trastorno, al que desconozco, he decidido colocar (o colo-coche) otro, lo cual me ha llenado de profunda satisfacción en un pie.
Ver como, poco a poco, tu esfuerzo de muchos años languidece en el internete este, con ausencia de visitas y y la no presencia de nuevos posts, me entristece y alegra a la vez, siendo causante de una tensión interna (sexual) no resuelta.
Así pues, y en la medida de lo posible, seguiré como antes, dando rienda suelta a la narración de mis encontronazos con la peña, cuando la ira sobrepase mi vagueza.
Gracias a todos por estar ahí.
Un saludo al ladrón de contadores.

jueves, 20 de junio de 2013

Accesorios para iPad

Por algun extraño motivo, ciertas frases pronunciadas por nuestros amables clientes se me quedan grabadas a fuego en mi sesera.
Algunas son oraciones muy profundas ("Oye, imbécil, ¿me puedes atender?); otras, muy prácticas ("Oye, cara de culo, ¿Dónde tenéis los pens?). Algunas son ininteligibles ("Oye, esclavo, ¿qué descuento me haces si te compro esto?), pero la del otro día me moló cantiduvi.
Me encontraba tan ricamente ordenando la zona de accesorios del iPad cuando, proveniente de la era pleistocénica, se me arrima un cejijunto individuo y, a boca de jarro, asiendo con una mano un objeto (no recuerdo que hostias era) me fórmula la siguiente (y compleja) pregunta:
-Oye, ¿esto vale PALAIP-PAD?
Quizá escrito pierda su gracia, pero el gañan, articulandolo todo junto, encabalgando sílabas, y dándole a su alocución una pronunciación serbocroata (era español, concretamente de Cuenca), me género chispeantes burbujas cerebrales.
Esta micro anécdota trae a colación otra frase que también me hizo gracia, años atrás.
Una fémina, tambien rudilla ella (pero en un pezón), me pregunto si el artículo que llevaba en la mano tenía el IVA incluido en el precio (la pregunta era tonta porque la respuesta era evidente).
Esa inocua cuestión, realizada de una determinada manera, sonaba claramente (al menos para mí) a idioma ruso.
Textualmente me dijo:
-Esta plancha, ¿ELIVA YALOLLEVA? (Léase tal cual, todo junto, y sin respirar)
En fin, eso es todo.
Un saludo al vacío existencial

viernes, 10 de mayo de 2013

Segunda historia

Historia B: Aparece una mujer por la tienda con una CPU (o sea, una torre de toda la vida). La deposita sobre el mostrador y articula una frase muy estudiada:
-No se puede abrir la bandeja del CD. Este ordenador es una mierda.
El vendedor (recordemos que es el antiguo empleo de mi comercial) no cabe en su asombro.
-¿Como que no abre el CD?. Pero si te llevaste el equipo hace dos días, lo comprobé todo y funcionaba estupendamente...
-Que no abre la bandeja. Este ordenador es una mierda.
El cliente no da más pìstas.
Es el turno del vendedor.
-¿Qué raro?. Con tu permiso, voy a comprobar tu afirmación
-Comprueba, comprueba -desafia con retintín la clienta.
El vendedor conecta la torre a un monitor, ejecuta el proceso de arranque, oprime reiteradas veces el botón "open" del CD, y éste, no sale.
-Vaya, no sale la bandeja.
-Ves, ya te lo dije.
Sin problemas. Los CDs tienen un orificio por donde, tras introducir la punta de un clip desdoblado, la bandeja se abre manualmente.
Y esto es lo que hace el vendedor, descubriendo que, sobre la misma, reposan dos CDs.
-Estimada gazela, has bloqueado la eyeccion de la bandeja al poner dos CDs. ¿Que no te has dado cuenta?
La clienta, profesora de instituto para más señas, se ofende ante las palabras de un inútil vendedor.
-He hecho lo que ponía en las instrucciones...
-¿Que? ¿Instrucciones? ¿Qué instrucciones?
Mientras interrogaba a la perra, el vendedor se fija que los CDs son el disco original de Windows y un disco original de la enciclopedia Encarta (nos encontramos inmersos en un relato de hace varios años).
-Si, en las instrucciones de la Encarta pone claramente que el disco solo funciona "BAJO WINDOWS".
El vendedor pierde el sentido unos momentos. Al instante, recomponiendose, inspira profundamente, reajusta el gesto y se agarra los testiculos con una mano (la derecha, concretamente).
-¿Me quieres dar a entender que la frase "solo funciona bajo windows" la has interpretado como que tienes que colocar el CD de Encarta debajo del CD de Windows, ambos dentro de la misma bandeja?
La clienta contempla extrañada al vendedor.
-Pues claro, lo pone bien claro....
-Pero alma de cántaro, eso no es así...
-Que sí, que sí, que tú que vas a saber...
Y ya no me recuerdo nada más.
El impacto de la logica cartesiana femenina me ha producido somnolencia anal.
Un saludo a Celes, excelente comercial y buen descriptor de escenas.

jueves, 9 de mayo de 2013

Dos historias...

Hace un par de dias se dejó caer por la tienda un comercial (ya quedan pocos) para que le hicieramos un pedido de material. Me senté en una silla, él en otra, charlamos de lo mal que están las cosas, revisamos el stock (que tengo por las nubes) y nos tomamos un café, lo cual sirvió de detonante para rememorar incidencias que él tuvo con clientes cuando, tiempo ha, trabajó como dependiente en una tienda de informatica.
Y las dos historias que me contó no tienen desperdicio.
Historia A. Se le presenta en la tienda un sujeto al que, dias atrás, le habian vendido una impresora Canon (me dijo hasta el modelo exacto, en un alarde de exactitud memorística), portandola bajo el brazo.
-Esta impresora que me has vendido es una mierda
Mi comercial (en aquel momento vendedor) arquea las cejas.
-¿Como?
-Que sí, que esta impresora es una mierda. No imprime bien. El papel se atasca y da mucho por saco.
El cliente iba acompañado de su hijo, un muchacho de unos veinte años, el cual se mantenia impávido contemplando a cierta distancia la escena.
-¿La han conectado bien? ¿Han puesto correctamente el cartucho? ¿Han usado cartuchos originales o compatibles? ¿Le pasa desde el primer momento?....
Las preguntas se atropellaban en la boca del dependiente. No se puede empezar a formular una queja usando la palabra "mierda" y pretender no ser acribillado a cuestiones.
-No me vengas con historias y cámbiame ya la impresora, que esta está defectuosa.
El vendedor piensa que, a lo mejor, ha salido tarada (como el cerebro del cliente) y, en un momento de debilidad, fantasea con la posibilidad de un cambio inmediato.
Pero antes, decide probarla.
-Déjeme que la pruebe, irascible capullo y, si falla como usted dice, se la cambio.
El cliente, viendo que le están haciendo caso, accede.
La conecta a un ordenata, instala los drivers, hace un par de impresiones y, efectivamente, la maquina no estampa bien la tinta, haciendo un ruido más raro que los huevos de un camello. 
-Vaya, pues parece que está mal, tendré que realizarle un cambio...
-Ves como yo te lo decía, esta impresora es una mierda...
El hibrido de hombre y zopenco vuelve a usar la palabra prohibida.
En ese momento, y viendo ante sus ojos la trampilla frontal de la impresora, el vendedor decide efectuar una postrera comprobación, tirando de la misma y abriendola.
Y lo que ante su mirada aparece llena el ambiente de tensión.
Un preservativo, dentro de su funda, se muestra semi encallado en los rodillos.
-¿Y esto? -pregunta el vendedor
El hombre, componiendo una mueca a medio camino entre la desolación, la irritación y el bochorno, lanza una mirada inquisitiva sobre su hijo, autor a todas luces de la presencia del condón en el aparato.
-Nacho, ¿has puesto tú esto aquí?
El chaval, rojo como un tomate, se auto delata con sus balbuceos.
-Caballero, no le puedo cambiar la impresora pues la averia ha sido sobrevenida, no tiene defecto de origen, como usted mismo ha podido comprobar...
El cliente agarra la impresora con una mano y, con la otra, comienza a propinar collejas como un poseso a su amado (y amante) retoño, concluyendo con esta imagen la primera de las historias que me narró el comercial
La segunda, cuando tenga más tiempo.
Un saludo al profiláctico enmascarado (por los restos de tinta que en él quedaron marcados)

domingo, 14 de abril de 2013

Como Pedro por su casa

Ultimamente, y para variar, ando más liado que un ciempiés en una red, lo cual no me permite tener apenas tiempo ni para meditar ni parapente (creo que es una especie de ala delta).
Este hecho, unido a mi sempiterna aprensión hacia los clientes, hace que vea cosas que, a lo mejor, no son lo que parecen.
Me encontraba reponiendo a toda velocidad en uno de los lineales de la tienda cuando, arqueando grácilmente mi ceja derecha, me percato de que un cliente anda trajinando con un articulo sobre una cabecera.
Por lo visto el hombre, con gafas y de unos 35 - 40 años, ha columbrado una caja de unos auriculares en el lineal y, qué diantres, la ha agarrado con ambas manos, se la ha llevado sobre una cabecera de artículos próxima, la ha abierto con total impunidad, ha desparramado su contenido sobre la misma, se ha encasquetaoo los auriculares sobre su cabeza (aprisionandolos con su indiferencia y cráneo) y los ha conectado a su telefono para comprobar, supongo, la calidad de los mismos.
Durante unos interminables diez minutos, el sobrado de marras no se mueve de su ubicación, selecionando en su teléfono  canción tras canción y moviendo la testa en armonía con sus pies.
Es habitual que los clientes, campando a sus anchas por la tienda, me abran las cajas para ver su contenido.
Es habitual que los clientes piensen que, por el mero hecho de entrar en la tienda, puedan hacer lo que les venga en gana dentro de la misma, dado que el acceso a ella no es restringido y, a su parecer, es una especie de parque de atracciones.
Es habitual ver corretear por los pasillos a niños desatados, toqueteando los lineales, desordenando los mismos, con sus progenitores salpicando de baba el suelo ante la contemplación de las hazañas destructivas de sus retoños.
Qué más da como dejen la tienda. Que más da este tipo de comportamiento. Ya aparecerá el gilipollas de turno (yo) para recomponer y arreglar el sufrido lineal, descuartizado una y otra vez por los degenerados clientes (los cuales, no lo olvidemos, son los que nos dan de comer).
Pero esta vez he pillado in fraganti a un abre-cajas.
Consulto a mis compañeros, por si alguien le está atendiendo. Respuesta negativa.
El hombre ha actuado por su cuenta.
Me aproximo.
-Disculpe, caballero, ¿ha preguntado a alguien si puede abrir esa caja?
El pollo se quita los headphones y me mira con cara de besugo.
-No -(para qué, está pensando para sus adentros. No es esto una tienda. Pues hago lo que me viene en gana)
-Pues lamento comunicarle que no puede abrir alegremente los embalajes. Diariamente me encuentro restos de la mercancía por todas partes y es imprescindible que, si desea realizar algun tipo de comprobación, nos lo solicite a nosotros...
Sin dejarme concluir mi alegato, el sujeto me interrumpe.
-Es que si no los pruebo no sé si funcionan....
-Ese es un axioma fundamental del universo, amable tertuliano, pero no es válido en éste. Usted tiene 15 dias para probar la mercancia tranquilamente en su casa. ¿Va a probar aquí in situ, a abrir, los 35 modelos diferentes de auriculares que tenemos para ver si funcionan...?
El hombre, sin apartar la vista de mis orejas, configura una mueca de tonto-lava, me pide perdón, y se esfuma en décimas de segundo, dejándome, cómo no, con todo el percal sobre la cabecera de marras.
Ya sé que el cliente tiene siempre la razón (lo he dicho unas lineas más arriba), ya sé que vivimos de los clientes, ya sé que deberíamos tener expuestos todos los auriculares (y funcionando -lo cual es de imposible mantenimiento), pero no hubiese costado nada pedir permiso, consejo, orientación o algo parecido antes de abrir una puta caja.
En otras ocasiones, otros clientes más inteligentes me han preguntado si podían ver el contenido de una caja, pregunta que ha quedado flotando en el aire ante mi celeridad en abrir el embalaje y mostrarles el articulo (si no lo ven, no lo compran).
Si me piden cortésmente las cosas, si detecto un mínimo de raciocinio en mi oponente, no tengo ningún problema en ayudarles (teóricamente, es mi trabajo)
Pero este tio me tocó las pelotas, mis reducidas y brillantes (por el roze interno) pelotillas.
Lamento este incidente.
Procuraré en otra ocasión segur reponiendo y esperar a que, una vez haya concluido con el desarme del articulo, soltarle un capón de mil pares de cojones en la nuca, afearle su conducta y, acto seguido, irme a mi casa para no volver ya nunca más (curiosos epitafio en mi carta de despido)
En fin, así son las cosas.
Un saludo a mi tobillo.

martes, 15 de enero de 2013

La manía de no preguntar

Esta mañana me he sulfurado ligeramente.
Es de público conocimiento mi aversión a todo tipo de clientes descerebrados (que, por desgracia, abundan), y no logro acostumbrarme a sus preguntas estúpidas, parciales, inconexas y carentes de solido contenido. 
Más de una vez he comentado lo que cuesta comprender lo que estos clientes te están consultando debido a que apenas incluyen informacion en sus preguntas, lo que me obliga a someterles a un ligero interrogatorio, el cual, a veces, me hace sudar tinta china.
También están aquellos que no preguntan absolutamente nada, dan por supuesto todo y, tras meter la pata en su compra, devuelven no una sinó varias veces el articulo adquirido, lo cual, como no, me repatea tanto como lo otro.
Una mujer, rubia, con los labios engordados por infiltraciones (esos labios no eran normales), me pregunta por una memoria de 60 Gb (esa capacidad y lo rojo de su carmín hicieron fruncir mi ceño).
El pen drive al que aludía la fémina ya no estaba en el lineal (presupuse que querría uno de 64 Gb dado que los de 60 gb no existen) y le mostré alternativas.
Me dijo si sería lo mismo uno que otro para lo que ella quería y le pregunté que para que lo quería.
-Es para mi tele, para ver películas. Mi vecino me pasa pelis y yo las velo en la tele.
-Ah, muy bien - repliqué- , para esa función puede coger cualquiera de los que sobre el lineal descansan...
-Es que compré un disco duro y no funciona.... -interrumpió la mujer.
-Vaya-, pensé para mis adentros.
-De hecho, compré tres y ninguno funcionaba -prosiguió la hembra
En este punto de su discurso comencé a sudar.
-¿Compró tres discos duros y ninguno de los tres iba?
-Si, los he devuelto...
La mujer, pedazo de adoquín, al ver que, conectando un pen-drive a su tele, ésta reproducía su contenido, pensó que podría enchufar al puerto USB cualquier cosa que tuviera un puerto USB, un disco duro (o un zapato USB, o una polla de goma USB).
La lógica aquí es aplastante (como la de un niño de tres años)
Sin preguntar si su televisor tenia la capacidad de leer discos duros, compró, sin preguntar a nadie, sin leerse un puto manual, sin hablar con su maldito vecino pirata, un disco duro de 2,5", lo enchufó a su tele y, como no consiguió hacerlo funcionar, lo devolvió no una sino tres veces.
-Señora - balbuceé intentando que no se notara mi enojo-, ¿sabe usted a ciencia cierta si su tele lee discos duros?
-Claro. Le he puesto una memoria USB y funciona
-Señora, por favor -un ojo me comenzaba a vibrar-, respóndame a lo que le pregunta. No es lo mismo un pen drive que un disco duro. Algunas teles leen perfectamente los pens y son a la vez incapaces de mover un disco duro. ¿Ha leido en las especificaciones, o en internet, o en algun sitio, si su tele es capaz de, a través del puerto USB, de leer discos duros?
-Pues no - me dice tan pancha
-¿Preguntó usted aquí, antes de comprar y devolver tres discos duros, si podría hacerlos funcionar con su tele?
-Pues no - me vuelve a decir tan pancha
-Y, si el primer disco duro no funciona, y el segundo tampoco, ¿por qué pensó que el tercero le iría?
Procuraba mantener la calma en todo momento, respirando profundamente y dejando mi vista perdida en el horizonte.
-Porque pensé que estaban rotos
-Cojonudo -mascullé-, ¿y no pasó por su cabeza que, a lo mejor, era su tele la que era incompatible con el disco duro?
-¿Cabeza? ¿Qué cabeza? ¡Pero si yo no tengo cabeza! ¡Ah, sí, esta pelota con orejas que sobre mis hombros me sirve para sujetar mi rubia de bote pelambrera!
No quise sulfurarme más. No quise pensar en los discos duros comprados y devueltos absurdamente y que en algun lugar del almacén esperaban para ser reacondicionados y adecentados. Le aconseje una memoria de 64 gb que teniamos de oferta y salí de la escena temblandome las piernecillas .
Unos preguntan hasta que se aburren y otros no consultan porque son más listos que nadie.
En fin, eso es todo.
Un saludo al doctor que inyectó silicona (o lo que fuese) en los labios de la hembra.

lunes, 5 de noviembre de 2012

El curioso caso de la impresora / multifunción

Me llaman del mostrador de entrada. Un individuo desea ponernos una reclamación y, sin saber nunca por qué, me llaman a mí para que lo atienda.
Me acerco cauteloso, situándome en un trote a su altura. Es un sujeto de unos 30 años. Me cuenta la película de que desea poner una reclamación porque le ha salido el cristal de su multifuncion roto y que, canallas de nosotros, no le queremos dar otra impresora. La única solución que le ofrecemos es mandarla al servicio técnico.
Arqueo ambas cejas.
Aparentemente, y bajo esas premisas, no tiene lógica nuestra postura.
Si un cliente nos compra un articulo y este, por el motivo que sea, sale defectuoso, se lo cambiamos por otro de forma cuasi inmediata, siempre, claro está, que todo esté dentro de un plazo razonable.
Decido indagar.
Le pido la factura de compra y observo que la multifuncion la ha adquirido ¡¡ hace un mes !!.
Con un renovado fruncimiento de ceño le solicito explicaciones, aclarandole que el periodo de prueba o cambio de los articulos es de 15 días, y no de un mes.
Le pregunto que por qué no vino antes.
Me dice que era un regalo, o sea, que la compró para regalar. Y que no ha entregado la impresora a la persona receptora del regalo hasta hace poco.
-¿Podría especificar, por favor, cuando le dió en concreto la impresora a la persona a la que alude?
-Hace una semana -me responde.
El asunto sigue sin cuadrar. Mucho cabo suelto y la explicaciones del pollo se las tengo que extraer con sacacorchos.
-Y si hace una semana que descubrió que el cristal estaba roto, ¿por qué no vino antes?
-Por que mi amiga había solo impreso cosas, no se le había ocurrido escanear, y hay un papel encima que tapa el cristal.
Vaya, así que la multifuncion era para una hembra, sorda a todas luces.
Me aparto unos instantes y le pregunto a mi compañera de mostrador por sus impresiones (valga la redundancia) sobre el tema. Me dice que, solo coger la caja, el ruido de cristales rotos asusta. Me dice que no es normal que no se haya dado cuenta antes (en eso coincidimos) y que el tio tiene más cara que espalda (aquí si que me cuadra todo).
Acerco nuevamente mi anatomia al pollo y le anuncio que nada podemos hacer. Le digo que el periodo de prueba está para probar las cosas y que, dada la distancia temporal que acontece entre su presencia en la tienda y el día que compró el articulo, solo podemos enviarselo al Servicio Tecnico y argumentar que el cliente (o sea, él), jura y perjura que el cristal superior salió roto (anómalo caso de rotura pues la caja está en perfecto estado y no se aprecia golpe alguno en la tapa).
Llegados a ese momento me consulta si le podemos dejar una impresora de sustitución.
Le digo que, lamentablemente, no tenemos contemplada esa eventualidad.
Como ya no sabe por donde tirar, comienza a lamentarse y a aullar cual lobo herido, quejándose del infortunio que ha sufrido y de la falta de empatía de la empresa para con su situación.
Le recuerdo que no puedo entrar a valorar su situación personal (que es un regalo, que la persona a la que supuestamente ha regalado la multifuncion ya no tiene con qué imprimir pues ha tirado la impresora vieja al contemplar, excitada, el nuevo artilugio, etc, etc) y que, si no está de acuerdo con lo que yo le comento, tiene a su disposición las hojas de reclamación que antes solicitaba. Alguien externo a ambos dirimirá el tema.
Se rasca la cabeza y vuelve al ataque.
Total, que tras 15 minutos de conversación con el tío, le indico que todo lo que podía yo hacer ya está hecho y que tendrá que esperar el veredicto del SAT.
Me despido de él y me alejo del mostrador, sin saber a ciencia cierta cuatro cosas:
a) ¿es un actor profesional que me estaba tomando el pelo?
b) ¿realmente ha tardado un mes en darse cuenta de que el cristal de la multifuncion, hecho añicos, estaba roto?
c) ¿pretendia el sujeto que, sin crujirle a preguntas, le daría una impresora nueva?
d) ¿no encontró el hombre otros argumentos más retorcidos para intentar darle mas verosimilitud a la historia?
En fin, ya veremos qué pasa cuando el servicio técnico nos devuelva la impresora tal cual se la enviamos, y con una nota que nos diga "Menuda hostia le han dado al cristal".
Un saludo al profesor de interpretación del sujeto dadivoso.


jueves, 25 de octubre de 2012

Corto de vista

Se encontraba mi compañera de telefonia pululando por su zona, algo nerviosa por la acumulación de tareas que últimamente esta teniendo, cuando, como siempre sucede en estos casos, se le aproxima sigilosamente un individuo, de edad indeterminada, y le formula la pregunta del día:
- Hola, aquí liberáis móviles, ¿no?.
Nosotros somos una empresa relativamente grande, y el tema de la liberación de móviles, por cuestiones empáticas con las operadoras que tenemos instaladas en nuestra zona de ventas, se lo dejamos a tiendas más pequeñas, además de que sería un criadero de problemas, faena e inversión de tiempo (tiempo que, a la postre, no tenemos).
-No caballero, lo lamento, Aquí no liberamos móviles - le responde la fémina
El cliente compone con una ceja (y parte del labio inferior) una mueca de asombro.
-¿Como que no liberáis móviles?...Si me lo ha dicho un amigo...
-Vaya -pensó mi compañera -, sabe más el amigo de mi trabajo que yo misma....
-Lo siento, pero le han informado mal. Aquí, repito, no liberamos móviles....
-¿Cómo que no? - insitía el obstinado pollo - ¡¡ Pero si aquí mismo lo pone !! - y le señala con el dedo el stand que tenemos en la tienda de la compañía de telefonía "LEBARA" - "Libera móvil", lo pone bien claro.
A mi compañera casi se le sale una costilla y parte del esternón de la risa que le entró.
Aguantando como pudo, acierta a comunicarle al disléxico individuo que allí no ponía "Libera móvil" sino "LEBARA MOVIL", un pequeño cambio de vocales para una palabra, pero un gran cambio de significado para un papanatas lego en la materia.
El hombre, frunciendo el ceño, esgrimió un "Ahh!" e hizo mutis por el foro.
Todavia estoy esperando que, para rematar la historia, nos ponga una reclamación por publicidad engañosa.
Y es que la peña cada día está mas rebotada.
Un saludo a las gafas del sujeto, las cuales deben ser sustituidas lo antes posible.