Sé que debería estar ya acostumbrado, pero, aunque llevo muchos años en la distribucion, los clientes, y sus fantasticas preguntas, no dejan de sorprenderme.
Para muestra, dos botones:
UNO: En la exposicion de televisores, al lado de cada uno de ellos, tenemos perfectamente ubicado un cartel con el precio y caracteristicas del articulo. Evidentemente, lo que más se ve es el precio y, por lo visto, es lo único que atisban los atorados consumidores, no acertando a interpretar la informacion que, por básica que sea, incluye. Cada cartel empiea siempre con la misma informacion: la resolucion del panel. Se me aproxima un cliente, mientras le quitaba el polvo a un aparato, y, señalandome dos televisores practicamente identicos, me formula la siguiente e inquietante cuestion:
-Oye, ¿qué diferencia hay entre esta tele de 768 lineas y esta otra de 1080?
-Oye, ¿qué diferencia hay entre esta tele de 768 lineas y esta otra de 1080?
Dudé unos instantes. No sabia a ciencia cierta si la pregunta tenía trampa o qué. La respuesta era, evidentemente, obvia (la diferencia era el numero de lineas).
-Pues que una tiene 768 lineas horizontales de resolucion y la otra tiene 1080.
-Ah, vale - me responde, y se aleja de la escena como si le hubiese dicho la hora...
Preocupante.
DOS: Me encuentro en la zona de soportes de television. La diferencia entre unos y otros, al menos para mí, es totalmente irrebatible y manifiesta (en unos la tele queda totalmente pegada a la pared y en otros el aparato sobresale en mayor o menor cuantía de la misma). Se me acerca un señor y, señalandome dos soportes, me pregunta por la diferencia entre ellos.
Algo alucinado, pero muy correcto en las formas y totalmente exento de acritud, le digo que la diferencia es la aparente, que lo que ve es lo que hay, que la desigualdad tiene que verla él mismo. Con ello no pretendía escabullir la respuesta sino forzarle a que la viera el mismo. Esta técnica que a veces utilizo es un vestigio que todavía me queda de cuando yo era maestro de escuela e intentaba que los alumnos utilizaran su cabeza para algo más que llevar pelo.
Al cliente no le gusta mi abierta respuesta, no la entiende, se mosquea y comienza a soltarme un discurso moralista.
-Oye, tu verás muy clara la diferencia pero yo no. Si todo fuese tan facil no harían falta vendedores. Si estás aquí es para ayudarme.....
Intento hacerle comprender la utilidad de mi estrategia (si el cliente descubre por sí mismo las diferencias las recuerda mejor), pero no hay tutía. El tio sigue que sigue con su monserga machacandome la moral.-...menuda respuesta me das, así no creo que vendas mucho, para el carro que vas muy acelerado....
-Señor, disculpe -le interrumpí-. Mi intencion era honesta pero veo que la ha tergiversado.
Y le explique las obvias diferencias que tenian esos dos malditos soportes.
En fin, uno nunca sabe como acertarlo. A veces lo haces con la mejor intencion del mundo, y te sale el asunto por peteneras.
Un saludo



4 comentarios:
Aunque el cliente tenga un letrero gigante delante de sus morros no lo leeran, preguntaran.
Como el que ve teles y pregunta aun si venden teles... en fin.
Un día prueba a decirle al segundo :
-¿La diferencia? Pues solo el precio.
Si te replica, está claro que tiene suficiente cerebro para diferenciar entre las dos, a lo que le podrías soltar un "pues si lo sabes pa'que preguntas".
Si no te replica, pues no pierdes mucho el tiempo.
Es que cuando a uno le ponen su propia estupid... su propia ignorancia en las narices, pues se molesta. XD
Coincido con BlogSTD; lo mejor es darles una información mínima, y ya está. Si al final sólo van a mirar el precio... ;)
Curioso, la mayoría de las veces no sabemos lo que tenemos delante ni aunque nos vaya a comer. El preguntar al vendedor es innato, sino, vendrá él a ver que queremos, es para ahorar el paseo, y dar que hacer... jejeje.
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