lunes 25 de abril de 2011

En esta vida hay que hacer de todo....

Unas veces, para evitar que un cliente nos ponga un reclamacion, hay que echar mano de una elemental dialéctica, armandome de una paciencia de la que carezco. Otras, en cambio, basta con un destornillador, algo de forcejeo y asunto solucionado. Nunca sabes cual de las dos opciones es la correcta.
Amiguitos lectores, os pongo en antecedentes.
Solicitan mi presencia en información (¿por qué cojones la mía?) pues un amado cliente desea poner una reclamacion. Parto jubiloso hacia allí.
Al llegar, me encuentro con un sujeto altamente contrariado. Su cara es un poema y, expectante por la emoción, le invito a que me cuente lo que le pasa.
El hombre me dice que, al entar en la tienda, el personal de seguridad le ha parado pues, inocentemente, pretendía entrar en la misma con un casco de moto. Al no ser posible tamaña osadía (nunca sabes para que va a ser usado ese receptáculo), el vigilante le indica que puede depositarlo, previa insercion de moneda, en una de las taquillas que junto a la entrada reposan.
El individuo hace lo que le recomiendan y ase la llave de su casilla con una mano (no me especifica con cual), penetrando alegremente, y con suma tranquilidad, en el comercio. La llave está unida a un colosal llavero metalico,  el cual lleva impreso el número de la taquilla.
Al rato, cuando se dispone a salir, se da cuenta de que todavía conserva en la mano el llavero, pero no así la llave, la cual ha perdido en su itinerario por nuestro establecimiento.
El hombre, desconsolado, le hace partícipe de su desolacion al segurata, solicitandole un duplicado de la misma para poder abrir.
Y aquí viene lo bueno.
No tenemos duplicado de las llaves de las taquillas (al menos en ese momento)
El cliente, embelesado por las palabras del segurata, ladea lateralmente su cráneo para enfatizar el escepticismo y la malaostia que en ese momento le están subiendo por la chepa.
El vigilante, para tranquilizarlo, le acaricia el lomo y le comenta que el jefe de mantenimiento no está y que, hasta el día siguiente, no podrá abrir la portezuela de metacrilato para extraer de él su contenido.
Pero para el hombre eso no le sirve.
El ha llegado a la tienda en moto y, sin casco, no puede regresar, evidentemente, a su casa. Se expone a un accidente o, lo que es peor, a una multa.
Y allí permanece, irritado, esperando a que alguien le dé una solucion.
Y mientras espera, desea ponernos una reclamacion porque él ha perdido la llave (no nosotros), lo cual es irritante para mí (pues nosotros, en parte, no somos los causantes de la perdida).
Como no deseo discusiones orales, ni de ningún otro tipo, le pido al de seguridad que me acerque un destornillador, el más grande que tenga. Cuando este llega a mis manos, comienzo a forcejear con la puerta de la taquilla del cliente. Al ser el frontal de metacrilato, una especie de plástico (para los mas lerdos), tengo cierta holgura y flexibilidad para doblarlo hacia afuera. Y donde digo "cierta holgura y flexibilidad" me refiero a más de 15 minutos peleandome con la puta puerta, maldiciendo en 14 idiomas y sudando como un indio navajo
Al final, gracias a dios (es una expresion), consigo abrirla, obteniendo con ello una herida en mi mano izquierda (me hice un tajo considerable) y un cliente satisfecho.
Le tiendo el casco al hombre, el cual me agradece la accion pronunciando la frase "por lo menos te lo has currao", y se va hacia su casa sin ponernos la maldita reclamacion.
En fin, lo dicho, tenemos que hacer de todo para complacer a nuestros clientes, aunque en este caso cierta porcion de culpa la teniamos nosotros, al no disponer en ese momento de un maldito duplicado. Y parte de razón no le faltaba al pollo Calimero.
Un saludo al casco (no retornable)

4 comentarios:

Chamaruco dijo...

Pues esta vez tengo que ponerme de parte del cliente en cuanto a la razón de la reclamación. Le estais obligando a dejar en una consigna un objeto legal y portable en cualquier sitio para acceder al establecimiento. Él accede y se le facilita una llave; llaves que suelen estar pésimamente fijadas a llaveros de tamaño descomunal e incómdos y que, por supuesto, se pueden perder... Pues bien, ya que poneis esas condiciones, lo lógico es que dispongais de los medios necesarios para recuperar los objetos de las consignas en caso de pérdida de llaves o de averías, rupuras y demás. Obviamente no es problema del cliente que el responsable de mantenimiento no esté en ese momento.

Kurioso-man dijo...

Efectivamente, amigo Chamaruco. Dado que la culpa, como bien expresa el post, no es del todo del cliente sino que parte es nuestra, no tuve más remedio ético que ayudarle. Lo que me molestaba del asunto es que el cliente no quería asumir la parte de culpa que le correspondía (él perdió la llave). En fin, no pasa nada. El incidente, salvo el corte en mi mano, se solucionó positivamente.
Un saludo.

CIUDADANO K.O. dijo...

Si en todas las tiendas suceden cosas parecidas, el grado de stress comercial debe de ser muy alto. Como para estar aburrido.

Fernando dijo...

Yo suelo ir con una bandolera en la que llevo mi reflex digital... como quiera que los articulos que llevo dentro me costaron (a mi) la friolera de unos 1700 euros pues como que me da cosa dejarla en las consignas...

De mommento nadie me ha puesto ninguna pega, pero el día que lo hagan yo lo tengo claro: a las mujeres no se les obliga a dejar su bolso en consigna, y algunos bolsos son de tamaño considerado...